sábado, 28 de septiembre de 2013

Dulce Remebranza

“Hoy regreso a las líneas largas, sin rima, con tantas metáforas y dosis de cafeína, regreso al hecho de explicarle a la vida, de contarle al mundo, lo grandioso que es amar y a veces no saber por qué. Regreso cabizbajo, algo aturdido, con el corazón en la mano, enamorado y el cuerpo sin sentidos, regreso porque a lo largo del tiempo he comprendido que nadie en esta vida se jubila de tanto amar y aun así se haya amado tanto, siempre hay un nuevo error, momento, tropiezo, detalle del que se aprenderá”

Hace ya casi un año conocí a un ángel, vestía una sonrisa enorme y una indomable cabellera, en su mirada encontraba un espejo y en el reflejo de su sombra una historia; era uno de esos momentos donde por alguna extraña razón sientes de que esa persona es la que siempre estabas esperando, y qué harías hasta lo imposible para ser el complemento de su vida, y así fue.

Un día escuche que para amar a alguien y tener una buena historia de Amor, se tiene que conocer lo suficiente a la otra persona, pero siempre me pregunté si para el Amor algo es suficiente. Ella y yo, no tuvimos una etapa de amistad consolidada, se podría decir que desde que la conocí mi único objetivo era enamorarla, y hacía de los detalles de su vida los míos, hacía de su sonrisa el mejor pretexto para nunca despertar y de sus días bonitos paisajes a cada esquina que recordar.

Éramos dos cuerpos anestesiados por un pasado oscuro, por historias que mediante cicatrices nos enseñaron algo más para contar, éramos dos sinónimos heridos que caminaban por el mundo buscando algo que vaya más allá de las palabras, más allá de las noches en vela, más allá del simple hecho de suspirar, éramos dos seres perfectos en busca de la imperfección, en busca del complemento más vital de todo humano, la felicidad… Y así temerosos y aturdidos, recorríamos parques y tardes enteras desnudando nuestros miedos, nuestras hazañas, conociendo todo aquello que necesitábamos desechar y todo aquello que necesitábamos para poder Amar.

La vida pasaba lento cuando al salir de clases recorríamos un camino que nos regresaba a la realidad, lento porque era su aliento lo que detenía todo, porque mi corazón quería sentir la sensación de sus labios y su tentación, porque mis manos detenían la caricia en sus manos pensando que por fin iba a pasar, tan lento que hasta un día ella en media calle me dijo en un beso que esta iniciativa tendríamos que al fin saciar, y me sorprendió.

Con el pasar del tiempo, la vida nos sorprendía poco a poco, siempre teníamos de que hablar, de que reír, de que gustar o hasta discutir, no podíamos pasar un minuto en silencio juntos salvo que nuestros besos inmuten el momento, pero le encontrábamos a razón a todo y es que el Amor es así. Estábamos enamorados, y siempre le buscábamos detalles a los momentos para hacerlos especial, desde pequeñas notas que dicen “Te quiero” hasta noches en vela construyendo hermosos diademas hechos de cartón y colores.

Y como el Amor nunca es estable, nunca es perfecto, nunca todo es felicidad, y no siempre amar implica comprender o entender, los días grises llegaron y con el también vinieron las lágrimas, los días llenos de soledad, los disturbios neuronales y la segregación excesiva de sustancias que ella conoce a profundidad. Pero tener problemas es parte del proceso en toda relación, así como cuando uno quiere ser feliz independientemente siempre hay obstáculos, en el Amor que es parte y complemento de esa felicidad también los hay, solo que yo peque de inconsciente, ególatra e inmaduro.

Sí, me sentí omnipotente a su lado, un Dios que nunca debería ser juzgado, lo cual fue un terrible error. Aún recuerdo su rostro y su sonrisa cuando a mi lado venía a llenarme de Amor, recuerdo todo lo que hacía para arrancarme un minuto del tiempo y pasarlo a su lado, recuerdo sus detalles sencillos que decoraban cada esquina de mi habitación, recuerdo sus caricias y besos de la nada, sus profundos abrazos y ese Amor inmenso que nunca dudo en entregármelo. Pero todo resume en una sola palabra, y cual tonto en la vida yo nunca supe valorar.

Ha pasado mucho tiempo, han pasado tantas cosas y precisamente al borde del abismo de su Amor, reflexione y comprendí que ella reflejaba la esencia de mi vida, se podría decir que antes vivíamos abrazados aunque hayamos tenido distancias, y hoy apenas puedo coger su mano. Pero no importa, vivir enamorado y aventurarse en el Amor es también aceptar retos y desafíos, y por mi Ángel de madrugada cruzo hasta el mismo infierno si es necesario.

Qué más puedo pedir, cuando me encontraba en medio de la nada conocí al Amor más improvisado de mi vida, y la Amo tanto y más que cuando escribía cada rima al imaginar su sonrisa, y si le falle al Amor, le falle a ella, y a toda nuestra historia, no será con un grito al cielo, ni bajando una estrella que obtenga su perdón, pero como mencione al comienzo para el Amor nada es suficiente, y aun tengo mucho por hacer.

Aún ella está conmigo, y por eso me siento afortunado; a veces creo que la vida mediante ella me están dando una segunda oportunidad, y con el peso de este Amor, con el peso de las convicciones y sueños que algún día ella y yo planteamos, haré que todo vuelva a la normalidad. Y es que comprendí con el tiempo, que su sonrisa es el tesoro más preciado que tengo en la vida, y la profundidad de su mirada el mejor escondite para desaparecer, su compañía el mejor regalo que puedo tener día a día y su felicidad plena un compromiso que cumplir.

“Y así regreso a las líneas largas, con el corazón en la mano y mucho fuego que esparcir, porque la Amo como amaron Neruda, Shakespeare o Bécquer a sus musas, con la pasión ardiente de un corazón empedernido que late emocionado al pensar en ella. La Amo como el Sol a la Luna, que paciente espera su turno para formar un eclipse a su lado, así la Amo”


A Carlita (Zam)
La tinta y pluma de mi corazón.